Scopum Coaching · Alfonso Rodríguez, Sesiones de Coaching empresarial, deportivo y crecimiento personal
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Scopum Coaching · Alfonso Rodríguez, Sesiones de Coaching empresarial, deportivo y crecimiento personal

Cuando hablamos de ser perfeccionista generalmente lo consideramos una virtud, pero en ocasiones es también un defecto. A veces hay confusión con este término. ¿Quién tiene razón? El caso es que tanto los que defienden que es una virtud como los que afirman que puede ser un defecto están acertados.

En el ámbito deportivo y más concretamente en el ámbito competitivo, esta idea está a la orden del día y presente en muchos deportistas. Si no se relacionan de una manera sana con el “perfeccionismo” puede ser fuente de problemas.

¿En qué NO consiste ser perfeccionista?

Ser perfeccionista no significa:

  • Querer que salga todo perfecto.
  • Hacer depender nuestra autoestima de estar o no acertad@s.
  • No tolerar ni un solo fallo ni un solo episodio de frustración.
  • Plantearnos objetivos y expectativas sacadas de contexto.
  • Abrazar el egoísmo y olvidar el colectivo (en caso de los deportes colectivos).

Está claro que, en su justa medida, ser perfeccionista es algo positivo. Los deportistas que quieren progresar y mejorar deben plantearse objetivos ambiciosos y eso requiere cierto afán de superación y dosis de perfeccionismo. Dada la competitividad que rodea al deporte, es muy beneficioso que los deportistas deseen cometer cada vez menos fallos y realizar las cosas de una manera más acertada. Pero ojo, aquí es donde debemos hilar fino con este arma de doble filo.

¿Cuándo es beneficioso ser perfeccionista?

Supongamos que existe una línea roja imaginaria que si logramos no traspasar, disfrutamos de todos los beneficios de ser perfeccionista. Mantenernos en este terreno seguro nos va a ayudar  a desarrollar:

  • La auto-exigencia y la auto-ambición. Estas deben brotar de nuestro interior sin necesidad de imponerlas desde fuera y deben estar SIEMPRE bien justificadas y razonadas.
  • La forma de consensuar objetivos y expectativas realistas con personas expertas y de confianza. No asumir expectativas inalcanzables y evitar establecerse objetivos desmesurados.
  • La buena salud de la autoestima y la autoconfianza. Debemos ser conscientes de nuestras virtudes y asumir que cometer errores es positivo y nos beneficia.
  • La forma de dominar y controlar los pensamientos negativos para no romper las tres reglas anteriores. Este paso es crucial.

¿Dónde está la línea en la que empieza a ser perjudicial?

Supongamos que traspasamos esa línea roja imaginaria de la que hablábamos, entonces convertimos al perfeccionismo en un enemigo peligroso:

  • La auto-exigencia y auto-ambición se descontrola. No nos permitimos ningún error.
  • Existe una total ausencia de objetividad en los objetivos y expectativas. Lo queremos todo ya y a toda costa. No consultamos con nadie nuestras impresiones.
  • Cualquier mínimo desvío (en forma de error) en nuestro “plan perfecto” supone un golpe a la autoestima y autoconfianza. Nos empieza a afectar lo que los demás piensen.
  • Los pensamientos cada vez se vuelven más rígidos. Todo está bien o mal, todo es siempre o nunca y no existen los matices. Nos vamos a los extremos.

¿Qué consecuencias tiene ser demasiado perfeccionista?

Esta línea roja imaginaria que ya hemos mencionado un par de veces es la que mantiene al perfeccionismo como aliado o lo convierte en enemigo. Es una línea muy fina y difícil de identificar, pero que si logramos no cruzar nos ayudará a crecer.

Es fundamental mantener a raya los pensamientos sobre objetivos y expectativas desmesuradas como: “tiene que salir todo perfecto”, ya que solo vamos a conseguir disminuir la tolerancia a la frustración y mermar la autoconfianza. En el momento que pensamos “no valgo para esto” o “todo el trabajo que llevo haciendo meses no sirve para nada” estamos cayendo en la trampa y cruzando la línea.

También pueden surgir ideas sobre que van a pensar los demás de mi”. La mayoría de “externos” no conocen las circunstancias particulares que nos rodean, por lo tanto sus juicios no son relevantes y solo van a perjudicar el estado de ánimo.

Si valoramos nuestras actuaciones por ejemplo, con un 7 sobre 10, y otorgamos importancia SOLAMENTE a lo negativo (los 3 puntos no conseguidos), estamos traspasando la línea. Esto puede convertirse en un círculo vicioso. Cuantas más ocasiones nos fijemos ÚNICAMENTE en los puntos no conseguidos, más difícil le ponemos a la memoria recordar lo positivo. Y lo que no recordamos acaba por no existir.

¿Cómo podemos adoptar dosis razonables de perfeccionismo?

Aquí parece estar la clave. ¿Cómo lograr mantener a raya el impulso de cruzar esa línea roja imaginaria?

Lo más importante es mantener la atención ocupada en estímulos útiles que eviten que aparezca el “exceso de perfeccionismo”.

  1. Cimentar la autoestima y autoconfianza. No nos suele gustar hablar o escribir sobre nosotr@s mism@s o sobre las  virtudes y/o áreas de mejora, pero sirve para mantener lejos a los enemigos. Cuando estemos preparad@s lo compartimos con alguien de confianza para tener otra visión experta.
  2. Asumir que es una obligación cometer errores. Es el mejor (y casi único) camino para lograr resultados. Nuestra opinión de las cosas cambia considerablemente después de una experiencia en la que ha existido el error.
  3. Consensuar y debatir expectativas y objetivos con personas cercanas y expertas en nuestra disciplina deportiva. Es la mejor manera de introducir los apellidos “realistas” y “alcanzables”, para que dejen de ser desmedidos y dañinos.
  4. Rodearse de profesionales de la psicología aplicada al deporte para lograr sacar el máximo de ese aspecto tan importante como es el mental. Esta es la mejor forma de dominar y controlar pensamientos rígidos y demasiado perfeccionistas.

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