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Scopum Coaching · Alfonso Rodríguez, Sesiones de Coaching empresarial, deportivo y crecimiento personal

En ocasiones los deportistas se enfrentan a desafíos competitivos muy complejos y con gran relevancia mediática. En estas situaciones, la presión externa por conseguir resultados y rendir al máximo es muy alta y los protagonistas se someten al juicio de un gran número de personas. Estos episodios pueden resultar muy difíciles de afrontar, e incluso pueden desembocar en bajo rendimiento si no se gestionan adecuadamente.

En este punto es cuando el pilar psicológico adquiere una importancia mayúscula para contribuir a que los deportistas no se vean afectados y rindan al 100% en lo técnico, en lo táctico y en lo físico. Ante la aparición de ciertas señales y con el aprendizaje de diferentes técnicas y herramientas, lograremos atajar y afrontar ciertos desajustes que la presión externa pueda generar.

Las primeras señales que pueden perjudicar el desempeño deportivo son algunas ideas o creencias interferentes que pueden aflorar. Se identifican “entrecomillándolas” y algunos ejemplos son claros:

  • “Todo el mundo espera mucho de mí y no puedo fallarles”
  • “Que va a pensar la gente si no doy la talla”
  • “Este fin de semana tiene que salir todo perfecto”.

Para evitar que este tipo de pensamientos negativos los perjudiquen física y técnicamente con la aparición de miedo al juicio externo, excesivo nerviosismo o agarrotamiento muscular, deben “someterlos a examen” antes de aceptarlos como válidos. Vamos a ser escrupulosos con este paso, ya que estas creencias los van a condicionar el comportamiento y perjudicar el rendimiento. Es necesario analizarlas minuciosamente antes de dejarlas avanzar.

Algunos ejemplos guardan relación con:

  1. Valorar una situación o comportamiento centrándose en un aspecto específico sacado de su contexto e ignorando otros aspectos más relevantes.
  2. Extraer una conclusión o establecer una regla general a partir de hechos aislados y considerarla para interpretar otras situaciones.
  3. Evaluar la magnitud de una situación sobre-aumentando o sobre-disminuyendo su significación.

La presión mediática puede interpretarse como una situación potencialmente estresante. Si la asimilan inadecuadamente puede generar “estrés negativo” y mermar sus capacidades físicas o psicológicas. Son momentos de un gran exceso de demanda en el entorno que pueden canalizarse incorrectamente y situarles en una situación de desventaja en los momentos o días previos a la competición. La presencia de situaciones potencialmente estresantes no tiene por qué ser perjudicial, y está en sus manos afrontarlas de la mejor manera para convertirlas en “estrés positivo” e incorporarlo como un elemento competitivo más.

La aparición de emociones desmesuradas o muy intensas como el miedo excesivo, la ansiedad, la tristeza o incluso la rabia incontenida, son otros ejemplos de posibles consecuencias ante la presión mediática. Los medios de comunicación juzgan y valoran continuamente a los protagonistas y crean expectativas altísimas en la opinión pública. Estas emociones pueden “apoderarse” de ellos, condicionar su estado de ánimo y, por ende, su desempeño deportivo.

Igualmente, los deportistas pueden sufrir modificaciones en sus variables físicas o fisiológicas alterando su funcionamiento motriz y, en consecuencia, la precisión en los movimientos técnicos propios de su deporte. A menudo, una excesiva tasa cardiaca, dificultad respiratoria, problemas musculares o de movimiento, dolores o excesiva sudoración son señales inequívocas de una inadecuada asimilación de la presión externa.

En la mayoría de casos el famoso “entorno” externo que rodea a los protagonistas (aficionados o medios de comunicación) cuestionan aspectos trascendentales como sus capacidades físicas y/o técnicas, su valor como profesionales e incluso su actitud su valía como personas.

Para mitigar el impacto de la presión externa, es importante desarrollar rutinas para las horas y días previos a la competición que los sumerjan en un entorno controlable, familiar y seguro, ¡pero ojo sin caer en la obsesión! Me estoy refiriendo a:

  • Repasar las funciones y tareas básicas individuales del desafío competitivo
  • Activar pensamientos activadores y auto-diálogos
  • Realizar “Check points” para comprobar el estado de las variables físicas y psicológicas
  • Practicar ejercicios de respiración y tensión-relajación muscular
  • Visualizar los primeros momentos de la competición

También es beneficioso reflexionar acerca de la cantidad de información que las personas externas manejan y cuánta credibilidad, desde un punto de vista objetivo, deben tener sus juicios:

  • ¿Hasta qué punto están en el día a día de los entrenamientos o dinámicas grupales?
  • ¿En qué medida conocen sus circunstancias personales y profesionales cambiantes?
  • ¿Qué/Cuántos elementos de juicio poseen para realizar sus valoraciones?
  • ¿Cuenta la opinión pública únicamente con la información sesgada e incompleta que les ofrecen los medios de comunicación?
  • ¿Hasta qué punto los deportistas pueden controlar lo que la opinión pública piense o lo que los medios de comunicación difundan?

Esta idea es un factor clave para identificar hasta qué punto los juicios de valor externos deben afectar. La opinión pública cuenta con información tremendamente incompleta y parcial de las diferentes situaciones que rodean a los deportistas.

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