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Scopum Coaching · Alfonso Rodríguez, Sesiones de Coaching empresarial, deportivo y crecimiento personal

Cualquier deportista que busque el alto rendimiento es muy consciente que las variables psicológicas atención y concentración son cruciales. También es igualmente consciente que su inadecuada puesta a punto puede ocasionar bajo rendimiento echando por tierra, con cierta probabilidad, algunos de los objetivos individuales o colectivos previamente establecidos.

Si el lector ha experimentado algún desafío deportivo de cierta presión, altas expectativas y objetivos realmente ambiciosos, probablemente sabrá a lo que me estoy refiriendo.

Existen expresiones habituales minutos, instantes antes o durante la propia competición como:

  • “No estoy centrado”
  • “En qué estaría pensando”
  • “No sé dónde tengo la cabeza”
  • “A menudo me despisto pensando en otras cosas”
  • “Me cuesta mantener la concentración”

La última y más clara consecuencia de una inadecuada atención y concentración es el error técnico: Una doble falta, un pase incorrectamente ejecutado, un mal posicionamiento, un tiro libre mal lanzado o una marca mal cubierta. Todos estos errores y otros muchos pueden ser consecuencia de no estar correctamente concentrados.

Pero hay mucho más, la baja capacidad atencional provoca excesiva focalización en los estímulos internos y desatención hacia los estímulos externos (“visión de embudo”). Además, provoca fatiga muscular, sensación de agobio, o incluso dolor o molestias.

Pero, ¿Qué hay de las causas? ¿Qué antecedentes rodean a este problema? En un porcentaje considerable, su origen comienza en la fábrica de los pensamientos (los procesos cognitivos), que es la antesala de las respuestas emocionales y fisiológicas que nos dificultan la atención. Ciertas interpretaciones de la realidad activan algunos mecanismos de defensa corporales como el miedo, la ira, la tristeza, e ir acompañados de aceleración del ritmo cardiaco, tensión muscular o sudoración. Todo esto reduce la capacidad atencional.

Como primera solución, diseccionaremos los entresijos de la atención e identificar los diferentes enfoques atencionales existentes. Nuestro cometido consiste en activar cada uno de ellos en función de la demanda de la situación y tratar de repetirlos, practicarlos y entrenarlos. De esta forma, nos enfrentaremos a las diferentes situaciones competitivas con una mejor predisposición atencional.

  • Interno-reducido
  • Interno amplio
  • Externo-reducido
  • Externo amplio

También aprenderemos a jerarquizar la competición en los diferentes niveles atencionales (1, 2 y 3). El primero requiere atención máxima, el segundo atención media y el último atención moderada. Teniendo en cuenta que la capacidad de atención y concentración del ser humano es limitada, las dosificaremos en los niveles 2 y 3 (atención media y moderada) para poder exprimirlas al máximo en el nivel 1 (atención máxima).

Además, vamos a identificar los diferentes estímulos externos existentes en el terreno, la pista, el pabellón o la carrera para jerarquizamos en función de la influencia que tienen para conseguir nuestros objetivos. Por ejemplo, durante un encuentro de baloncesto la importancia jerárquica de los estímulos externas será:

  1. El balón
  2. Las canastas
  3. Los compañeros de equipo
  4. Los rivales
  5. Las medidas de la pista
  6. El entrenador
  7. El árbitro
  8. Los estímulos ambientales (ruido ambiental, grada, temperatura, olores, etc)

Hagamos el esfuerzo de imaginarnos una televisión antigua con sus antenas y su cajón enorme en la parte trasera, pues bien el cerebro es algo similar. Nuestros ojos y orejas son las antenas de esa televisión por dónde entran los estímulos sonoros y visuales en forma de imágenes. La pantalla muestra hacia qué canales se dirige nuestra capacidad atencional.

Nuestra televisión va a ser capaz de mostrar dos canales como máximo al mismo tiempo. Uno va a ser el balón, estímulo más importante, y el segundo canal dependerá de la situación de partido (rivales, compañeras, porterías, dimensiones del terreno, entrenador, etc).

A menudo, también pueden aparecer preocupaciones por asuntos externos al desafío deportivo que merman facultades atencionales. Controlar y dominar esos pensamientos interferentes nos ayudará a “centrarnos en el aquí y el ahora”. Auto-observarnos, percatarnos del comienzo de un periodo de desatención y generar auto-diálogos para contrarrestar la aparición de esos pensamientos negativos son los primeros pasos.

“Recrearnos en el error” también limita nuestras habilidades atencionales. Si damos vueltas y vueltas al error que acabamos de cometer durante algunos segundos o incluso minutos, desperdiciamos un tiempo precioso y nos perdemos situaciones clave de partido. Incluso es bastante probable que cometamos más errores.

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