Scopum Coaching · Alfonso Rodríguez, Sesiones de Coaching empresarial, deportivo y crecimiento personal
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Scopum Coaching · Alfonso Rodríguez, Sesiones de Coaching empresarial, deportivo y crecimiento personal

Luis Sastre afrontaba la primera semana de competición con una gran motivación y con ganas de empezar con buen pie. Siempre se ha considerado un corredor muy competitivo, “disfrutón” por los desafíos deportivos y con ansia por ganar. Los objetivos establecidos con el director y el resto del grupo eran ambiciosos y deseaba hacer todo lo que estaba en su mano para cumplirlos. La estrategia grupal y plan de carrera estaban claros y cada miembro del equipo tenía claro su cometido. Los dos primeros compromisos fueron muy positivos, iban cumpliendo los objetivos inmediatos diarios y todo iba según lo previsto.

“El toro”

La tercera jornada era de media montaña. Era la especialidad de Luis, y decidió realizar trabajo extra en el rodillo durante la víspera (aunque estaba fuera del plan estipulado), ya que sentía que se esperaba mucho de él y quería estar a la altura. Estaba sobre-motivado.

Esa noche no durmió bien. Fruto de su sobre-activación, cenó en exceso, trasnochó en la habitación de un compañero y se fue a descansar más tarde de lo habitual. La mañana siguiente tenía un reto importante por delante, sin embargo se despertó cansado, pesado y sus sensaciones no eran las mejores:

  • Sentía cierta sensación de culpabilidad e irresponsabilidad.
  • Estaba agobiado y preocupado por su rendimiento durante la etapa.
  • Su activación fisiológica iba en aumento (tasa cardiaca, sudoración y tensión muscular).
  • Sentía que no había seguido las directrices del médico y nutricionista. Había ansiedad.

Ya en carrera durante los primeros kilómetros, quería demostrar al equipo que iba a rendir mejor que nunca (falsa confianza). Realizó más tareas de las que tenía encomendadas, improvisaba sus decisiones y malgastaba sus recursos en acciones improductivas y perjudiciales para el rendimiento del grupo y el suyo propio:

  • Se puso en cabeza del pelotón más turnos de lo acordado.
  • Bajo a cola del pelotón a por bidones cuando no era su labor.
  • Realizó un intento de escapada cuando esa tarea estaba acordada para otro compañero.

Su labor principal durante la jornada era la de acompañar al jefe de filas en los puertos de media montaña y ayudarle a pasarlos con solvencia. Los dos primeros puertos los superó sin dificultades, aunque volvió a improvisar dominado por su propia competitividad. Parecía un “toro descontrolado”. Imprimió un ritmo demasiado alto para su líder, que superó las primeras ascensiones exhausto.

La etapa finalizaba a continuación del descenso del último puerto de la jornada, y en esa última ascensión nuestro protagonista pagó la ausencia de autocontrol y la falta de dominio de su propia competitividad. No pudo seguir el ritmo de los mejores y a tres kilómetros de coronar cedió exhausto. Su jefe de filas cedió con él pagando esas mismas consecuencias. Afortunadamente, pudieron recuperar algo de tiempo durante el descenso y la pérdida de tiempo en línea de meta no fue excesiva.

El periodo de reflexión

Ya en el hotel y analizando lo sucedido con el cuerpo técnico, nuestro protagonista fue consciente de que había cometido una cadena de errores desde la tarde anterior, que desembocaron en un déficit de rendimiento individual y un perjuicio para la consecución de los objetivos grupales. Comenzando por realizar rodillo cuando no era necesario y siguiendo por el resto de conductas improvisadas, se vio dominado por su competitividad e impulsividad sin poder evitar esa cascada de conductas perjudiciales.

Los días próximos, tuvo varias conversaciones con un psicólogo deportivo externo, y durante las siguientes etapas acordó con el director asumir un rol secundario. El objetivo era llegar física, técnica y psicológicamente al 100% a las jornadas de alta montaña de la segunda semana de competición.

“El lobo”

Después de la charla técnica e inmediatamente antes de la etapa decisiva de alta montaña, el director conversó con Luis para preguntarle cómo se encontraba:

– “¿Te encuentras bien para ayudarnos en la etapa?”

Luis aseveró con vehemencia:

– “Hoy canalizaré mejor mi competitividad y exprimiré mejor mis fortalezas. Hoy seré un buen competidor”.

Al finalizar la jornada, su rendimiento fue un éxito. Siguió el plan de carrera acordado, dosificó sus fuerzas, realizó las tareas de ayuda al líder en los momentos críticos como el director le pidió y contribuyó a lograr el objetivo intermedio del equipo: salir de la etapa clave de alta montaña con el jefe de filas entre los tres primeros de la clasificación general. Fue capaz de rendir en la medida de sus posibilidades en los momentos críticos, se adaptó a las situaciones de carrera y dirigió su competitividad en la dirección apropiada. Sacó a relucir “el lobo frio y calculador” que llevaba dentro.

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