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Scopum Coaching · Alfonso Rodríguez, Sesiones de Coaching empresarial, deportivo y crecimiento personal

¿Es el estrés un estado interno?

El estrés es una de las palabras más utilizadas en nuestra vida cotidiana. Y es que a menudo lo identificamos como causa de muchos de nuestros problemas. Quien no ha dicho alguna que otra vez con cara cansada y aspecto agobiado durante una etapa dura de trabajo “tengo mucho estrés, o “a Carlos se le ve muy estresado últimamente”. Normalmente lo percibimos como algo negativo, que nos altera nuestro equilibrio y nos perjudica.

Habitualmente, lo identificamos como un elemento externo que nos invade, se apodera de nosotros convirtiéndose en un “estado interno propio” que nos domina y nos absorbe la energía poco a poco sin poder hacer nada por remediarlo. Notamos como merma nuestras fuerzas y altera nuestro estado de ánimo. Su influencia es tal, que incluso condiciona nuestro comportamiento e impide que realicemos ciertas actividades que en circunstancias normales llevamos a cabo con naturalidad.

¿Es el estrés algo externo a las personas?

La realidad es que es un cambio de demanda en el entorno, normalmente por incremento en exceso, que nos provoca cambios fisiológicos y psicológicos. Lo que sucede en este proceso es que situaciones externas en nuestra vida cotidiana (vida social, laboral o familiar) sufren cambios inesperados, y el cuerpo humano genera una respuesta fisiológica y psicológica para protegerse y adaptarse a esa nueva situación como mecanismo de defensa.

Esto significa que existen situaciones potencialmente estresantes para las personas, y que dependiendo de la respuesta generada por nuestro organismo reaccionamos de una forma u otra. Inevitablemente, en ocasiones reaccionamos de una forma más primaria auto-protegiéndonos ante los cambios, pero la respuesta emitida como consecuencia de los cambios de demanda en el entorno no tiene por qué ser perjudicial si los canalizamos correctamente. Las personas tenemos la capacidad de desarrollar habilidades y generar respuestas procesadas desde la parte más desarrollada de nuestro cerebro que no tiene por qué ser negativas.

¿Qué consecuencias tiene?

Las respuestas primarias más comunes que genera nuestro organismo son:

  • Ansiedad
  • Hostilidad
  • Desánimo
  • Agotamiento

Una de las consecuencias puede ser la ansiedad, que es una respuesta física desproporcionada del organismo que condiciona el comportamiento. Además, aflora tensión muscular, presión respiratoria, nerviosismo y sudoración, acompañado de pensamientos negativos y emociones exageradas como agobio y miedo. El final de este proceso son comportamientos no deseados que achacamos al estrés.

La hostilidad también aparece en estas situaciones. Se suele manifestar físicamente con palpitaciones, dolo abdominal, hiperventilación y sensación de agobio. Además, surge enfado y disgusto, y brotan emociones como rabia y la ira. Todo esto es genera una mezcla peligrosa que puede desembocar en comportamientos hostiles o agresivos.

El desánimo también se presenta como respuesta a cambios en la demanda del entorno. En este caso, la respuesta física del organismo es baja, aparecen pensamientos negativos relacionados con la frustración o el fracaso y afloran emociones como la tristeza. En estos casos se encuentran  comportamientos derrotistas y de indefensión.

Por último, también surge el agotamiento físico y mental. El sobreesfuerzo continuo, tanto físico como mental ante cambios externos continuos en periodos muy breves de tiempo, puede derivar en abatimiento. En este caso, el cuerpo emite mensajes físicos en forma de avisos alertando de que está llegando a su límite. Bloquea las respuestas conductuales y cognitivas limitando las capacidades físicas y psicológicas. En estos casos, es necesario parar.

Reflexión final

Parece claro que afirmaciones como “estoy estresado”, o “tengo estrés no son el final del proceso, sino el principio. Debemos identificar qué cambios externos o situaciones potencialmente estresantes nos están afectando, y ser capaces de auto-observarnos para ser conscientes de que tipo de respuesta está generando nuestro organismo. Ciertamente, los cambios externos que se producen pueden ser demasiado extremos, donde es lógico y comprensible que se produzcan respuestas primarias y auto-protectoras. Sin embargo, si dichos cambios no son tan extremos debemos trabajar en procesarlos de una manera más adecuada para que las respuestas internas generadas sean óptimas.

Esto no quiere decir que la ansiedad, la hostilidad, el desánimo y el agotamiento aparezcan únicamente ante situaciones potencialmente estresantes, sino que es uno de los posibles contextos en los que pueden presentarse. Auto-observarnos, auto-evaluarnos y auto-regularnos es una habilidad esencial que debemos desarrollar para sacar el máximo provecho a nuestro funcionamiento físico y psicológico.

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