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Scopum Coaching · Alfonso Rodríguez, Sesiones de Coaching empresarial, deportivo y crecimiento personal

Es muy curioso escuchar entrevistas, comentarios o ruedas de prensa de personas que trabajan con deportistas y que buscan potenciar su rendimiento. En una gran mayoría de ocasiones mencionan y dan cierta relevancia a expresiones como “el aspecto mental”, “el estado anímico”, la famosa “confianza” o “la fortaleza mental”. Lo relacionan directamente con el estado de forma de los protagonistas.

Como cualquier otro pilar del rendimiento (técnico o táctico-estratégico) y cualquier otra disciplina relacionada (médica, física, fisioterapéutica o nutricional), el factor psicológico tiene sus aristas, complicaciones, prismas y peculiaridades. Cada caso requiere un análisis detallado y una intervención minuciosa, para que el deportista consiga un estado psicológico óptimo y sea capaz de plasmarlo en su desempeño físico, técnico y táctico.

Parece claro que “lo psicológico” son los cimientos y la base para que el resto del edificio emerja fuerte y sin fisuras. Y también es evidente que este factor está ganando cada vez más visibilidad en los equipos multidisciplinares. ¿Pero realmente lo enfocamos de la manera correcta? ¿Encargamos este cometido a las personas apropiadas? Es primordial que una labor tan delicada caiga en las manos adecuadas, concretamente en profesionales de la psicología del deporte altamente cualificados.

Los deportistas pueden sufrir problemas de autoconfianza. Entre otros motivos, estos problemas se originan por una evaluación demasiado sesgada y continuada en el tiempo de su propio desempeño. En consecuencia y fruto de ciertas cogniciones disfuncionales, realizan afirmaciones como:

  • “No valgo para esto”
  • “No me sale nada”
  • “No aporto nada al equipo”
  • “No llevo un partido decente esta temporada”

Los profesionales de la psicología debemos nutrirles con instrumentos sencillos para restaurar sus niveles de autoeficacia, desarrollar la relación causa-efecto entre las acciones y sus resultados deseados y neutralizar la aparición de la indefensión aprendida.

Todo esto igualmente está muy relacionado con la posible aparición de creencias negativas irracionales que atajaremos cuanto antes para que no deriven en problemas más severos. Mediante la búsqueda de evidencias y el planteamiento de alternativas razonables, los profesionales de la psicología trabajaremos para encontrar soluciones y minimizar los posibles efectos negativos en su auto-concepto y en su sensación de competencia.

También suelen experimentar problemas con su activación. Pueden sentirse demasiado tensos o demasiado relajados perjudicándoles física y fisiológicamente, causando problemas de atención y/o concentración y finalmente errores técnicos propios de su deporte. Una vez más, y para paliar estos pequeños desajustes, necesitaremos herramientas psicológicas muy concretas como:

  • La respiración diafragmática
  • Ejercicios de tensión-relajación muscular
  • Racionalización cognitiva
  • Las auto-instrucciones
  • La detención del pensamiento

Además, resulta primordial evaluar y regular los diferentes focos y niveles atencionales, así como los diferentes estímulos presentes en la práctica de nuestra disciplina deportiva. El objetivo debe ser mantener el organismo preparado y orientado de la mejor manera posible hacia su siguiente cometido en un entorno tan exigente como el de la competición.

Es evidente que los deportistas tienen que venir motivados de casa. Sin embargo, como en cualquier actividad diaria y rutinaria, es muy beneficioso reflexionar acerca de qué instrumentos están a nuestro alcance para mantener esta variable decisiva en los niveles apropiados:

  • Establecer “micro-objetivos” (diarios o semanales) y objetivos realistas y alcanzables.
  • Reflexionar acerca de costes y beneficios, los sacrificios necesarios y los potenciales resultados deseados.

Todas estas situaciones y posibles soluciones planteadas forman parte del “entrenamiento psicológico”, tremendamente importante como el físico o el técnico y que debe ser personalizado individualmente en función de las características y necesidades. A grandes rasgos, los deportistas deben alcanzar el punto en el que se sientan tan familiarizados con las herramientas planteadas, que sean capaces de escoger (como si de un menú se tratara) la que más les convienen en cada momento. Igualmente, se habituarán a cada una de ellas repitiéndolas una y otra vez para perfeccionar su ejecución hasta llegar a dominarlas (al igual que las actividades de los entrenamientos técnicos o físicos).

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